Fue en 1981 cuando tres hombres estrechamente vinculados con la mar y procedentes de Málaga, El Puerto de Santa María y Las Palmas decidieron asociarse para crear una pescadería-saladero que en sus primeros años sólo contaba con tres vendedores y dos administrativos. Aquel modesto negocio que funcionaba desde un pequeño local en el puerto de Málaga y utilizaba frigoríficos de otras empresas para almacenar la mercancía fue el germen de lo que hoy es Goropesca, una de las compañías líderes en el sector de la distribución de pescado congelado.
Después de casi tres décadas de funcionamiento, Goropesca importa desde todos los océanos del mundo peces, mariscos y cefalópodos que después distribuye a cientos de clientes por toda España. En este tiempo, su plantilla de trabajadores se ha multiplicado por seis y su facturación ha llegado a superar los 17 millones de euros anuales –aunque en los últimos ejercicios ha bajado por culpa de la crisis–.
Y eso que los primeros tiempos no fueron especialmente buenos. Tanto que a los dos años de que el negocio viera la luz, los tres fundadores decidieron desprenderse de él. «Los dueños nos dijeron que lo querían dejar y nos preguntaron si lo queríamos nosotros», cuenta Diego Gómez, que por aquel entonces era un trabajador más de la compañía y que de la noche a la mañana se vio convertido en empresario junto con dos socios más, uno de los cuales también era hasta entonces un empleado. Hoy, Gómez es el gerente de Goropesca y el único accionista, y tiene palabras de recuerdo y agradecimiento para los primeros dueños. «Durante los primeros años nos apoyaron mediando con los bancos, con avales, etcétera», explica.
Con un catálogo de productos que ahora supera las 400 variedades, la firma comenzó comerciando sobre todo con merluza, rosada, lenguados y calamares, que siguen siendo sus referencias más fuertes, aunque ni mucho menos las únicas. «A día de hoy hacemos cosas impensables hace veintitantos años», resalta su gerente. Entre estas cosas se encuentran el bacalao elaborado que se trae desde Islandia o las gambas peladas que vienen de China. El pez espada, langostinos, cigalas, carabineros, chocos, puntillas, sepiolas, almejas, mejillones y vieiras son otras de las referencias de su oferta.
Acuerdos comerciales
No en vano, la firma importa su mercancía desde los cinco océanos, pero sobre todo desde aguas internacionales, donde faenan sus principales proveedores. Después, Goropesca congela el producto (ya sea pescado o marisco) para suministrarlo posteriormente a distribuidores y mayoristas. Actualmente, en torno a un 70% va para Andalucía y el 30% al resto de España.
En 2007, la empresa llevó a cabo su inversión más ambiciosa: 3,5 millones de euros para ampliar su sede del polígono Guadalhorce, que pasó a triplicar su capacidad de almacenamiento. Allí cuentan con salas de elaboración, cámaras frigoríficas, muelle de descarga y las oficinas, lo que les sirve para centralizar todo el negocio, que hace unos años tenían disperso por distintas instalaciones en naves alquiladas.
A lo largo de estos años, Goropesca ha sabido hacerse con un importante hueco en el mercado, actuando como distribuidor para otros agentes o bien explotando su marca propia. Una labor que ha exigido de sacrificio e inversiones en un mundo en el que la competencia es feroz. «El nuestro es un sector muy competitivo; por eso el único secreto está en levantarte con ganas todos los días y trabajar diez o doce horas diarias», resume Diego Gómez.
Como puntos a favor, Goropesca cuenta con su amplia oferta de variedades («No todo el mundo puede tener 400 productos porque su capacidad no se lo permite», subraya el gerente) y con una cartera de clientes estable, que se ha conseguido a través de un trato directo y respetuoso.